En
principio, desconfió de quien proclame regenerar una determinada situación muy
degradada, estableciendo total transparencia y yendo hasta el final, caiga
quien caiga. Grandilocuencia tan manifiesta no deja de ser más que pura
retórica, porque en el fondo está convencido de que no conseguirá gran cosa,
dado que todas las situaciones son
complejas e imposibles de simplificar para resolverlas.
|
[www.publico.es; 6 sep2019] |
La
Comunidad de Madrid arrastra una gran maldición, que empezó con el denominado
'tamayazo' e impidió el nombramiento
presidencial del diputado Simancas. Maniobró entonces la que después sería
presidenta Esperanza Aguirre. Desde entonces la gestión política de la CAM ha
ido dando tumbos, sin poder liberarse de la furia de los dioses. Aguirre,
Cifuentes, González, y otros, los han ido invocando permanentemente, mientras
trabajaron siempre pro domo sua. Para
ello se fue construyendo una estructura
de corrupción sólida que permitiera sostener el edificio político.
El
caso es que nadie puede vencer a los dioses, que actúan según su voluntad. La
estructura se ha extendido tanto que mantienen sucursales en varios puntos
nacionales, aunque el Poder Judicial la ha ido desmontando pausadamente. La
culminación corrió a cargo de Ángel Luis Hurtado en su sentencia 20/2018 de la
Audiencia Nacional, analizando pormenorizadamente y con finura detallada cada
uno de los casos en 1687 páginas. Detalló hasta el límite delitos y condenas
mediante hechos probados. Con casi dos mil páginas dan escalofríos. Acabó, incluso, con el
presidente del Gobierno de entonces, mediante voto de censura política. Pero el
caso continúa, porque ahora el magistrado Manuel García Castellón, de la
Audiencia Nacional, ha citado a declarar a Cifuentes y Aguirre, quién califica
el contenido de su auto de "falso". Quince años de gobiernos populares (2003- 2018) están siendo
investigados por montar "una estructura ilícita permanente" para
financiarse.
Da
grima tener que seguir con semejante trama delictiva, pero es la atmósfera
corrompida en la que se encuentran insertos los gobernantes madrileños.
Semejante huracán no tardará en tocar a la actual presidenta Díaz Ayuso.
Incluso su vicepresidente Aguado está preparado para saltar del barco en una
deslealtad sin límites. ¿Acaso no sabía lo que pasaba? Según Sófocles "los
dioses aman a los prudentes y aborrecen a los malvados". Qué sabio era.
La
presidenta Aguirre presumía no hace mucho tiempo de haber nombrado tantos
cargos públicos que no le parecía extraño que unos pocos le hubieran salido
ranas. Hay platos que se sirven fríos y ahora el juez imputa precisamente a
ella la jefatura de la trama de corrupción del Partido Popular madrileño. Cosas
veredes que no creeréis, decía el clásico. Y en Blade Runner Roy Batty acaba
así su monólogo, al final de la película, de forma estremecedora: "Yo he
visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de
Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de
Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo cómo lágrimas en la
lluvia. Es hora de morir".
Entre
las especies, los grupos acostumbran a seguir a su guía. Aguirre era la líder que lo dirigía todo y lo controlaba, aunque se
guardase bien de aparecer en primera línea, pero todos sabían quién era la jefa
y estaban dispuestos a complacerla por la cuenta que les tenía. Especialmente era la reina entre sus ranas, tenía la
llave de la caja y supervisada toda la trama. Se convirtió así en la maestra
universal por la que iban pasando todos. La actual presidenta de la Comunidad
aprendió directamente de ella. La corrupción está incrustada en vena y la única
forma de destruirla es la eliminación de raíz de sus representantes. Por eso se
equivoca Aguado absolutamente. Unirse a la totalidad de la Asamblea madrileña
para intervenir en la comisión de investigación de Avalmadrid no es el camino,
sino hacer que los populares pasen a la oposición por lo menos durante cuatro
años. Mientras los mantengan en el gobierno, no habrá salida, los parches serán cada vez más grandes para tapar irregularidades
y las tensiones no dejarán de crecer, junto a las deslealtades que aumentarán
sin remedio. El equipo Aguado mantiene la escopeta cargada para acertar el tiro
y sobrepasar a la presidenta actual, pero esto tiene aspecto de traición. Es
como apoyar el nombramiento para rematarla en el momento adecuado. Siendo todo
gravísimo, da, también, más que asco.
Julián
Arroyo Pomeda